domingo, 20 de junio de 2010

Saramago: literatura y compromiso ético




José Saramago a los 87 años ha entrado en la nada y se ha disuelto en ella. Hoy todos sus lectores sentimos una pena contenida porque se ha ido una de las voces más críticas de la literatura actual, un hombre comprometido que no se cansaba de denunciar las injusticias y criticar los excesos de esta sociedad moderna y consumista. Nos quedan sus sabias palabras para poder reflexionar sobre la vida.


Algunas de las reflexiones del premio Nobel

Saramago afirmaba que sus libros han sido siempre la consecuencia de su ansiedad de comprender las cosas, de sus reflexiones sobre la vida.

Sólo soy alguien que, al escribir, se limita a levantar una piedra y a poner la vista en lo que hay debajo. No es culpa mía si de vez en cuando me salen monstruos.


Todos los días tienen su historia, un solo minuto daría para contar durante años, el mínimo gesto, el desbroce minucioso de una palabra, de una sílaba, de un sonido, por no hablar ya de los pensamientos, que es cosa de mucha enjundia pensar en lo que se piensa, o se pensó, o se está pensando, y qué pensamiento es ese que piensa el otro pensamiento, no acabaríamos nunca.


ESCRIBIR Y LEER

Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él. Lo que no quiero es que se quede en la superficie de la página. Cuando alguien está en una lectura y levanta la mirada como si estuviera aprendiendo con mucho más intensidad lo que acaba de leer, es el momento en el que ese alguien está totalmente involucrado, como si pensara: esto es mío, esto tiene que ver conmigo. Uno saca de la lectura lo que necesita.


LAS PALABRAS

Son lo mejor y lo peor que tenemos... Por las maravillas que se pueden expresar con la palabra, si se usan con armonía y profundidad; pero pueden llegar a ser violentas si se utilizan mal, si se les cambia el sentido.


PENSAR, LEER

Hay que utilizar la cabeza para pensar, hay que respetar y valorar el legado cultural que recibimos, hay que leer para pertrecharse de instrumentos que nos permitan combatir el destino que otros nos forjan. Es necesario leer y escribir para entender el mundo y para entendernos mejor a nosotros mismos. Leer es bueno para la salud. De leer y de intentar comprender nadie se ha enfermado, diga lo que diga Cervantes.




¿QUÉ ES UN LIBRO?

Un libro es casi un objeto. Porque si es verdad que es algo voluminoso, que se puede tocar, abrir, cerrar, colocar en un estante, mirar e incluso oler (¿quién no ha aspirado alguna vez el aroma de la tinta y el papel ya fundidos en una página?) también es verdad que un libro es más que eso, porque dentro lleva, nada más y nada menos, la persona que es el autor. De ahí que sea necesario tener mucho cuidado con los libros, enfrentarse a ellos dispuestos a dialogar, a entender y a tratar de contarles lo que nosotros mismos somos. Los buenos libros, que es de lo que aquí se trata, están hechos con la honestidad y el trabajo de autor, luego hay que tratarlos también con honestidad y sin regatear esfuerzos. Del magnífico juego que es tener un libro en las manos, todos, autores y lectores, saldremos vencedores. Y el afán con el que nos empeñemos acabará compensando, porque habremos aprendido cosas y seremos más sabios, que es a la postre la íntima ambición que los seres humanos tenemos.
¿El libro, un objeto? Casi. Pero ya se ha visto que no es sólo eso.



EDUCACIÓN E INSTRUCCIÓN

Una cosa es instrucción y otra cosa es educación. Educar es una actividad que siempre se la relaciona con la escuela, pero no es así. Mis padres, mis abuelos, eran analfabetos y me han educado, esa educación se basa en los valores, en la solidaridad. Es un error confundir educación con instrucción, porque los analfabetos no pueden instruir, pero sí educar. Existe una idea equivocada acerca de que la escuela es la única que puede educar y en realidad no tiene condiciones ni vocación ni tiempo para hacerlo . Educar es cosa de la familia y de la sociedad. Pensar que es la escuela la que tiene que educar a los estudiantes es precisamente una de las grandes equivocaciones de nuestra sociedad y causa de la crisis en que se halla la familia. La familia debe educar porque forma parte de la sociedad, mientras que la escuela es un paraíso lejano a la vida real. Sin embargo, una escuela de calidad es la que crea felicidad a su alrededor, ya que una educación incapaz de hacer a los niños y a los individuos felices es una educación equivocada. Los maestros son unos auténticos héroes, incluso agredidos físicamente por los alumnos, víctimas de una evidente falta de respeto, sobre quienes la familia, hoy definitivamente en crisis, lanza los problemas que no es capaz de resolver.


ABRIR LOS OJOS ES UNA OBLIGACIÓN


¿Cómo es posible contemplar la injusticia, la miseria, el dolor sin sentir la obligación moral de transformar eso que estamos contemplando? Cuando observamos a nuestro alrededor vemos que las cosas no funcionan bien: se gastan cifras exorbitantes en mandar un aparato a explorar Marte mientras cientos de miles de personas no tienen para alimentarse. Por un cierto automatismo verbal y mental hablamos de democracia cuando en realidad de ella no nos queda mucho más que un conjunto de ritos, de gestos repetidos mecánicamente. Los hombres, y los intelectuales en tanto ciudadanos, tenemos la obligación de abrir los ojos.



2 comentarios :

Josefina 20 de junio de 2010, 23:55  

¡Qué gran suerte poder seguir leyendo su obra!. La literatura es un conjuro, si no contra la muerte, sí contra el olvido.

anacuellar 10 de julio de 2010, 12:16  

La buena literatura, es atemporal, porque nos habla de cuestiones que son universales, aunque partan de un autor, una época o se den en o se refieran a un contexto concreto. Nos hacen pensar y reflexionar sobre aspectos que nos conciernen y atañen verdaderamente, nos aporta comprensión y responsabilidad.
Gracias, Pilar por esta breve y acertada muestra de la profundidad de la mirada de Saramago.
Ana


Cubrí con flores
Aquella caligrafía
De trazos rectos.

Unas gotas de luna
Cayeron en mi mano,
Los vientos húmedos
Acercaron el perfil del silencio
Hasta mi rostro.
El espacio vacío
Se llenó con los sueños,
La ausencia
Vagó en la quietud
Del amanecer,
Y encontré indicios
En la voz del aire.

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