domingo, 20 de marzo de 2011

Día de la Poesía




Canción de amor

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!

Rainer Maria Rilke




Se han llevado los bosques
y el lagar donde cantaba
la cigarra turquesa.

El Árbol Inclinado sobre el mar
se ha roto en el cemento,
enemigo del hombre
que sufre y desata el horizonte.

Más allá del relámpago...
tierras maduradas y marchitas,
palacios de un Ángel Desdichado
que recorre los pasillos
como príncipe y mendigo
en su pasión entristecida Por Las Cosas.

Teresa Sebastián




La melodía suave y profunda de un poema,
disgregarme en los versos.
El agua. Las manzanas y los libros.
Las palabras pequeñas y las grandes.
Tu compleja ternura expuesta a más,
una copa de vino.
Carilda y su desorden que azul me desordena,
sus cálidos matices de demora.
Oliveiro. Vallejo. Pizarnik y Sabines.
Descifrar sin lenguaje cada uno de tus gestos,
lo antiguo, lo que estreno, lo aprendido
en la revolución de las gaviotas,
el mar y el frenesí de una fábula salvaje.

Yo podría seguir enumerando
y crear un poema interminable
que hablara de montañas y de lluvia,
de las calladas piedras, de cómo huele la tierra
justo antes de ser barro,
de Roma, de Matisse, de un silencio desnudo
y de las inmediatas margaritas silvestres,
mas todos los instantes se resumen en dos:
la poesía y tú.

Paloma Corrales




EL RASTRO

Somos materia de extrañeza
quién nos lo iba a decir nosotros
que hemos sufrido tanto
Pero nuestra memoria no arde
y ya no sabemos morir.

Memoria de la vida,
memoria de los días y la vida,
cuchillo que abre el mundo
esparciendo unas vísceras que no consigo descifrar.

Memoria de las tardes y la luz,
alumbras la mirada
eres el vigía implacable,
la brújula severa, el testigo carcelario
que anuda el tiempo en su mazmorra.

Qué buscas, memoria, qué andas buscando.
Me sigues como un perro hambriento
y tiendes a mis pies tu mirada lastimera;
husmeas, perniciosa, en el camino
el rastro de los días que fueron,
que ya no son y que jamás serán.

Te arropan los andrajos de la dicha
y la desolación te ha vuelto precavida;
memoria de la vida, memoria de los días y la vida.

Guadalupe Grande


Cubrí con flores
Aquella caligrafía
De trazos rectos.

Unas gotas de luna
Cayeron en mi mano,
Los vientos húmedos
Acercaron el perfil del silencio
Hasta mi rostro.
El espacio vacío
Se llenó con los sueños,
La ausencia
Vagó en la quietud
Del amanecer,
Y encontré indicios
En la voz del aire.

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