sábado, 6 de diciembre de 2008

El Mundo de Juan José Millás



"La lectura y la escritura son también espacios desde los que no siempre, pero de vez en cuando, se ve la calle, quiero decir la Calle, o sea, el mundo"

El Mundo es es un relato contado en primera persona, una recreación de la niñez del autor. Se presenta como la visión agridulce de la infancia por parte de un adulto que recuerda la realidad gris de la posguerra en la capital de España. El aprendizaje que el joven Juanjo hace de la vida está lleno de frustaciones.

Recuerda a su padre, la fascinación que sentía por el bisturí y la frase fundacional:
- Fijaté, Juanjo, cauteriza la herida en el momento mismo de producirla.
Cuando escribo a mano, sobre un cuaderno, como ahora, creo que me parezco un poco a mi padre en el acto de probar el bisturí eléctrico, pues la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas.

Su madre le quiso, eso le salvó. Después de la muerte de mi madre, todo volvió a la normalidad, pero pasados unos meses, quizá un año, empecé a enfermar.

En la novela, nos muestra su calle, unas veces real y otras como la ve en sueños, como una especie de maqueta del mundo. He visto la Calle, es decir, una especie de versión platónica de mi calle.

Recuerda también, su enamoramiento de María José, el rechazo y la frase que le espetó con crueldad. Tú no eres interesante para mí.

Nos sorprende con su decisión de entrar en el seminario como única salida para escapar de su familia, del barrio y de la academia. Esta decisión le produjo un gran desconcierto y muchos dolores de cabeza.
En el epílogo nos relata el viaje que hizo a Valencia para cumplir la última voluntad de sus padres y esparcir su cenizas en el Mediterráeo, una experiencia que ya convertido en hombre, le causa tristeza, como cuando terminas un libro que quizá sea el último.

1 comentarios :

Nieves Soriano Nieto 8 de diciembre de 2008, 20:59  

Ya veo que has hecho la recensión. Estamos presos por esa lectura. Gracias y besos.


Cubrí con flores
Aquella caligrafía
De trazos rectos.

Unas gotas de luna
Cayeron en mi mano,
Los vientos húmedos
Acercaron el perfil del silencio
Hasta mi rostro.
El espacio vacío
Se llenó con los sueños,
La ausencia
Vagó en la quietud
Del amanecer,
Y encontré indicios
En la voz del aire.

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