sábado, 20 de diciembre de 2008

La elegancia del erizo. Muriel Barbery



Quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos donde el tiempo ya no es igual.

La elegancia del erizo gira alrededor de dos personajes solitarios que comparten sus ideas sobre la belleza, la literatura y la vida. Renée y Paloma tienen dificultades para relacionarse con los demás. Viven en un inmueble de una zona privilegiada de París en medio de una sociedad insensible a la belleza y con una gran falta de humanidad. El individualismo que impera en la sociedad occidental hace que seamos invisibles incluso para nuestra familia.
Renée encuentra en la lectura su posición ante la vida y critica tanto a la derecha como a la izquierda por este egoísmo del que todos somos víctimas y verdugos. Esta mujer, amante de la pintura holandesa y de Mozart, esconde su verdadera personalidad y su sensibilidad por la belleza, tras su etiqueta de portera. Sobre ella dice la autora "deseé crear un personaje en el que cupiese el desarraigo y la soledad más absoluta y que al mismo tiempo tuviese la capacidad de tener un amplio conocimiento de la vida y fuese una sabia"
Paloma, una niña de doce años, que sobresale por su gran inteligencia, nos deja sus reflexiones y su humor. Quiere huir de su familia y no encuentra otra forma de hacerlo que el suicidio.
La autora con un lenguaje melodioso y breves capítulos que te dejan expectante, entreteje las vidas de estas dos mujeres tan distintas y tan excepcionales. KaKuro Ozu, el nuevo vecino, les escucha y se interesa por ellas. Su llegada al edificio cambiará la vida de las dos.
En este libro se respira belleza y una gran ternura.

1 comentarios :

Javier Cercas Rueda 16 de febrero de 2009, 17:56  

LA ELEGANCIA DEL ERIZO

La decena de familias ricas que viven en el nº 7 de la calle Grenelle de París piensan que Renée es una portera más. Eso es lo que ella pretende y no deja traslucir en sus palabras y actos visibles nada que lo desmienta. En la realidad es una autodidacta con muchas lecturas encima y con gustos culturales bien cultivados. Sólo un nuevo inquilino japonés sabrá traspasar la protección que Renée ha creado en torno a si. Paloma tiene doce años, vive en ese edificio y también tiene un secreto: es superinteligente.

La niña va suicidarse en unos meses tras prender fuego a su casa y vamos conociendo un diario donde recoge sus ideas y sus reflexiones sobre la vida. En capítulos alternos, Renée va contando cómo ha llegado a ser como es. A partir de un momento, la novela se centra en el presente, en la relación que establecen las dos protagonistas hasta el desenlace final.

La idea es original pero la novela resulta artificiosa y desesperanzada. La imagen de la portera con un cazo en la mano removiendo un guiso y con un tomo de Husserl en la otra resultaría simpática si no fuera inverosímil. Renée es un personaje difícil de creer, por muy de acuerdo que se esté en que no hay que dejarse guiar por las apariencias para juzgar a las personas. La inteligencia de Paloma parece residir en su escepticismo cínico y existencialista. Resulta desde el primer momento una listilla sabihonda que desprecia y critica cuanto la rodea, especialmente a su familia. La gran aportación de su testamento intelectual es que “la vida no tiene sentido”. Todo lo demás son corolarios. La autora quiere denunciar el elitismo cultural francés y ha relacionado para ello a dos solitarios difíciles de digerir para el lector.

Esta supuesta “revelación literaria” francesa (Bayeux, 1969) resulta pesada y de poco interés. El estilo es sobrecargado y a veces farragoso (a la altura de la gran sabiduría de las protagonistas). Su éxito (más de 800.000 ejemplares vendidos) parece debido a una tarea paciente y eficaz de encuentros múltiples con lectores. El marketing directo se demuestra más útil para vender que la literatura. Y es más fácil de hacer.


Cubrí con flores
Aquella caligrafía
De trazos rectos.

Unas gotas de luna
Cayeron en mi mano,
Los vientos húmedos
Acercaron el perfil del silencio
Hasta mi rostro.
El espacio vacío
Se llenó con los sueños,
La ausencia
Vagó en la quietud
Del amanecer,
Y encontré indicios
En la voz del aire.

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