domingo, 9 de agosto de 2009

Gabriel García Márquez. Un mago

Una biografía sobre el nobel colombiano escrita por el británico Gerald Martin será publicada por la editorial Debate en octubre. La obra es una investigación minuciosa, fruto de 17 años de trabajo.

El libro dibuja un retrato de García Márquez teniendo como hilos conductores su obra y su vida. En él están descritos los inicios en Aracataca y la relación con su abuelo, Nicolás Márquez; su infancia y juventud; los inicios como periodista entre Cartagena y Barranquilla; su descubrimiento de Europa; el regreso a América y el impacto de la revolución cubana; su consagración como escritor tras la publicación en 1967 de Cien años de soledad y el Nobel de Literatura en 1982, hasta llegar a la actualidad.

García Márquez, ganador del Nobel de Literatura en 1982 y que reside actualmente en México, publicó su última novela Memorias de mis putas tristes en 2004. Hace unos meses saltó una mala noticia "García Marquéz no volverá a escribir". Esta información fue corroborada por su biógrafo, Gerald Martin, pero desmentida por el propio escritor "Mi oficio no es publicar, sino escribir. Yo sabré cuándo estén a punto de boca los pasteles que estoy horneando". Y, varias personas cercanas al escritor aseguraron que preparaba la publicación de una novela de amor.

Deseamos que García Márquez siga escribiendo y que podamos, a través de su lenguaje evocador y preciso, revivir lo inverosímil y disfrutar de lo verídico y poético.



La idea de un Macondo peninsular prevaleció durante mucho tiempo, inspirada en el mapa arbitrario que dibujó José Arcadio Buendía al regreso de su expedición. Lo trazó con rabia, exagerando de mala fe las dificultades de comunicación, como para castígarse a sí mismo por la absoluta falta de sentido con que eligió el lugar. "Nunca llegaremos a ninguna parte", se lamentaba ante Úrsula. "Aquí nos hemos de pudrir en vida sin recibir los beneficios de la ciencia." Esa certidumbre, rumiada varios meses en el cuartito del laboratorio, lo llevó a concebir el proyecto de trasladar a Macondo a un lugar más propicio. Pero esta vez, Ursula se anticipó a sus designios febriles. En una secreta e implacable labor de hormiguita predispuso a las mujeres de la aldea contra la veleidad de sus hombres, que ya empezaban a prepararse para la mudanza. José Arcadio Buendía no supo en qué momento, ni en virtud de qué fuerzas adversas, sus planes se fueron enredando en una maraña de pretextos, contratiempos y evasivas, hasta convertirse en pura y simple ilusión. Úrsula lo observó con una atención inocente, y hasta sintió por él un poco de piedad, la mañana en que lo encontró en el cuartito del fondo comentando entre dientes sus sueños de mudanza, mientras colocaba en sus cajas originales las piezas del laboratorio. Lo dejó terminar. Lo dejó clavar las cajas y poner sus iniciales encima con un hisopo entintado, sin hacerle ningún reproche, pero sabiendo ya que él sabía, porque se lo oyó decir en sus sordos monólogos, que los hombres del pueblo no lo secundarían en su empresa. Sólo cuando empezó a desmontar la puerta del cuartito, Ursula se atrevió a preguntarle por qué lo hacía, y él le contestó con una cierta amargura: "Puesto que nadie quiere irse, nos iremos solos." Úrsula no se alteró.

-No nos iremos -dijo-. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo.

-Todavía no tenemos un muerto -dijo él-. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra.

Úrsula replicó, con una suave firmeza:

-Si es necesario que yo me muera para que se queden aquí, me muero.

Cien años de soledad

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Cubrí con flores
Aquella caligrafía
De trazos rectos.

Unas gotas de luna
Cayeron en mi mano,
Los vientos húmedos
Acercaron el perfil del silencio
Hasta mi rostro.
El espacio vacío
Se llenó con los sueños,
La ausencia
Vagó en la quietud
Del amanecer,
Y encontré indicios
En la voz del aire.

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